
La muerte te espera al final de aquel puente… te guía en el camino por el inframundo, se excita al saber de tu llegada, su rostro se cubre de lascivia, desea tu alma (pues nunca supo de una tan inmunda como la tuya) quiere recorrer centímetro a centímetro tu piel con su lengua, llenar de pecado tu cuerpo y marcar tu alma para hacerla su esclava.
Nunca querrá deshacerse de tu alma, le causa un eterno placer tenerla a su servicio; ¡vamos! entrégate a su deseo y lujuria (a ambos por igual), que tu cuerpo sea presa de sus instintos… anda créeme, a donde vas es mejor tenerla como tu amante que como tu enemiga, no la decepciones… entonces la eternidad será placentera contigo.

